elojeador

Poeamigos

 

13512

Me levanto de la cama y me sitúo frente al espejo.
Me lavo la cara dormida, me hago la raya a un lado.

Con el rostro envejecido por las arrugas de la edad.
La muerte trabaja incansablemente sobre mi piel.

Me vuelvo al cuarto y me visto con cuidado y esmero.
Un pañuelo para el disimulo, unos zapatos acharolados.

Salgo y bajo la calle Golondrina, la que bajo desde niño
y me dirijo a la plaza del mercado a volverlo a intentar.

Con mis mejores galas me presento, con todo lo que tengo,
pero los compradores pasan sin mirar y sin parar un instante.

¿Qué más tendría que hacer para que a alguno de vosotros
 se le ocurriera comprarme y llevarme a su casa por fin?

A veces me siento en el taburete dando mi mejor perfil
pero los compradores pasan sin interés y murmurando.

Reconozco que me agota y fatiga todo este tiempo con
todos estos días que se van sumando a la incertidumbre.

Ya llega la hora del cierre y se me pone cara de cierre.
Ya de vuelta, con el trabajo hecho y de nuevo deshecho.

Subo las escaleras… antes de dos en dos escalones,
después de uno en uno y ahora de medio en medio.

Me desvisto en el baño y me sitúo frente al espejo.
Me siento sobre la roca de Sísifo, me quito la raya.

Me acuesto.